Un niño de 10 años perdió la vida, veo el dolor de sus padres, de toda su familia, de toda una ciudad, de todo un país. Y duele porque he estado ahí, en ese profundo ocaso de la vida, cuando se va quién no merecía irse, con tan poca vida vivida y con tantos planes inconclusos, confirmando que en realidad son los buenos los que se van pronto.
lunes, 22 de noviembre de 2010
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