Todos los días, en este país, vidas inocentes se pierden a manos de la irresponsabilidad de varios conductores, es innegable que algo no funciona bien en la forma en la que los habitantes de nuestro país conducen.
No es únicamente el hecho de que los chóferes profesionales no tienen nada de profesionales sino que además en el día a día miles de conductores en la ciudad no creen que las señales de tránsito son para ellos. ¿Cuántos vehículos diariamente se pasan la roja, no respetan el disco pare o frenan en cualquier parte para dejar a alguien? ¿Cuántos peatones cruzan avenidas obviando la existencia de pasos peatonales o cuántas personas cruzan la calle aunque el semáforo en verde dé preferencia a los automotores?
El cambio que nos permita salvar más vidas tiene que ser a gran escala. En la mente de todas las personas que estamos frente a un volante debe estar muy claro que al subirnos a un carro tenemos en nuestras manos una responsabilidad inminente e importante. Las leyes de tránsito han sido creadas para prevenir accidentes y deben ser seguidas al pie de la letra.
Por favor, no más creer que las reglas no son para todos, basta de pensar que por adelantar o cruzar donde no se debe son mejores y más sabidos que los demás, no pueden real y honestamente creer que son capaces de conducir luego de haber bebido sólo porque hasta ahora no les ha pasado nada. Todos formamos parte de la comunidad vehicular y sin embargo cada vez que salgo a la calle en mi auto debo estar alerta, prever que a mi alrededor los demás conductores solo ven por si mismos, aquí debemos manejar de manera defensiva ante las “sapadas” de los demás para llegar a salvo a casa y me parece que así no se avanza ni se mejora.
¿Cuántos accidentes se pudieran prevenir si dejamos de lado el egoísmo latente de querer siempre arrancar primero o si dejamos de decir “eso a mi no me va a pasar”? Los demás conductores no somos obstáculos y por llegar tarde nadie se muere, por ir a exceso de velocidad sí.
Es hora de hacer un examen de conciencia señores conductores, una reflexión ante cómo enfrentamos la responsabilidad de dirigir un vehículo que por naturaleza es rápido y potente en una ciudad donde habitamos tantas personas, porque un día esos mismos que todos los días están cerca de causar accidentes graves van a terminar borrando una o más vidas por el simple hecho de no asumir con la seriedad del caso la responsabilidad de manejar un vehículo.
martes, 7 de septiembre de 2010
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