martes 5 de enero de 2010

Los dentistas son malvados

Me duele una muela, y es horrible, porque el dolor de muelas no es simplemente dolor, es además de eso una serie de acontecimientos. Ese latidito intenso que vive en mi boca me pone de mal humor, el mal humor hace que no sea la mejor persona del mundo y hace que me vuelva detestable para los seres humanos a mi alrededor que cohabitan en mi ciudad (no que los seres humanos a mi alrededor no sean igual de detestables pero no hay necesidad de ponerme a su altura).

El veredicto es innegable, hay que ir al dentista, y eso me pone peor, la idea sola de repetir los traumas de mi infancia me hace sentir desprotegida e insignificante, todo el valor que poseo para todas las otras cosas en mi vida (no que sea valiente pero ya hay algunas cosas que uno sabe como manejar a los 27), se desvanece y me quedo en el vacio de una sensación que no deseo en mi vida.

Desde los 10 años he ido al dentista, a esa edad me calzaron algunos dientes, tenia que ir casi a diario a que una dentista por mi casa hiciera el trabajo sucio, una señora que al igual que todos los dentistas que conozco no tuvo respeto alguno por mi dolor y sufrimiento. Ella me dañó además uno de mis dientes frontales ya que taladró un poquito demás, cubrió el espacio y al poco tiempo ese cubrimiento se salió y dejó al descubierto un espacio indeseable.

Durante mi adolescencia usé braquets, dos años de ir constantemente al ortodoncista, este ortodoncista no era tan cruel como la anterior dentista pero el tratamiento es doloroso de por si, me sacó 4 muelas para que haya espacio y los dientes rueden como era necesario. Al final quedó mucho espacio y mis dientes volvieron a separarse en cuestión de un año.

En la Universidad, me tocó de nuevo, esta vez 4 tratamientos de conducto y un proceso para reunir mis dientes nuevamente, mucho dinero gastado, mucho dolor, muchas lágrimas, mucho taladro, la misma historia una vez más.

Yo no sé porqué mis dientes han resultado ser tan malos, dice mi esposo que he comido demasiados dulces en mi vida, y que nadie puede comer tanto azúcar sin consecuencias. Pero no creo que a todos los golosos se los castigue de esta manera, algo me dice que simplemente tengo mala dentadura o algo así.

La semana pasada, por el dolor tuve que ir de nuevo, el consultorio vacio y frio, llegué y sin decirme más me hicieron pasar a la silla del terror, donde la luz intensa te da en los ojos. debe ser una técnica para atolondrar a los pacientes. El lugar se llamaba algo con laser y me dije: bueno tal vez la tecnología ha avanzado lo suficiente y esto no será una tortura.

En el aviso, en la puerta, en la factura, en los posters, en todos lados decían "sin dolor", "laser", pero todo es MENTIRA, todo. El mismo taladro, el mismo succionador y el mismo instrumento puntiagudo para hincarte las encías. Estaba muy nerviosa, me puse a llorar mientras me taladraba mi muelita, le pedí anestesia y me clavó la aguja en cada lado posible junto a la muela, fue indescriptiblemente horrible como la aguja se sentia en mi encía y cómo la empujaba con furia más adentro, lloré aún más, la anestesia cayó en mi lengua y mi lengua se durmió, pero el diente, la encia y demás no. Aguante tantos pinchazos para de todas maneras seguir sientiendo el taladro, seguí llorando hasta que se acabó el proceso y la dentista fría como el hielo siguió haciendo su trabajo sin importarle mis quejidos.

Los dentistas son malvados, se aliementan del dolor y las lágrimas de sus pacientes y seguramente tienen algún tipo de secta demoniaca, porque no me cabe en la cabeza que a través de los años no pueda encontrar un dentista que sea suficientememente bueno para no hacerme sufrir y para que el trabajo final le salga bien, siempre algo sale mal y debo volver en un tiempo y eso lo odio.

Los dentistas son seres viles, cobran mucho, te lastiman, te tratan como si fueras un carro y ellos un mecánico, sin darse cuenta de que uno es un ser humano y no una máquina con partes intercambiables y para colmo el negocio de los dentistas es hacerte volver. La dentista de la semana pasada me selló temporalmente mi muelita, y según la evolución de la misma debo hacerme tratamiento de conducto o se la puede calzar.

Entonces ahora me enfrento a la posibilidad de que tal vez deba hacerme un nuevo tratamiento de conducto (porque 4 no han sido suficientes en mi vida) y además lo que cueste el dichoso tratamiento. Aunque a ella no le pienso pagar un centavo pues a ese consultorio no pienso volver, me siento engañada, "sin dolor" dijeron y me dieron la misma porquería de siempre, con la misma frialdad y crueldad de siempre.

Me quedo con el stress de buscar un mejor dentista para mi muela y saber que tarde o temprano tendré que volver a la silla reclinable de la tortura con algún odontólogo desalmado y que aunque no sea valiente igual tengo que ir y aguantarlo, con lágrimas o sin ellas.

A mi de chiquita me enseñó el Dr. Muelitas, cepíllate tres veces al día, el fluor cuidará tus dientes, pero es otra mentira, tal vez algo más debía hacer y simplemente nadie me lo dijo.



1 opiniones:

Andrés dijo...

Yo tuve situaciones parecidas a la tuya y tampoco me gusta para nada la idea pero hay que ponerse firme con el dentista y hacerle saber como uno se siente.

Verás que el dentista al que te referí será mejor que otros, yo te acompañaré y todo estará bien.

 
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