martes, 7 de abril de 2009

Porque soy una envidiosa y también quiero contar mi historia...


Cuando Romina se convirtió en un ángel mi familia cambió al igual que mi vida, pocas cosas en la vida pueden darte una sacudida tan intensa como la de perder a un ser querido, y ni millones de fotos y videos podrán llenar nunca su ausencia. Su partida fue lo que me acercó a Dios, haber sentido tan violentamente el deseo de un milagro terminó de hacerme alguien más en contacto con su lado espiritual y fue así como ese día, entre las lágrimas de su partida le prometí a Romina que me casaría ante Dios para poder acompañarla en el cielo cuando me toque.

Desde el día de esta promesa hasta el 28 de marzo pasado han pasado 8 meses y un largo camino. El primer paso de muchos fue hacer la confirmación, un curso de tres meses (solo un dia a la semana) y una bonita ceremonia me llevaron a la conclusión de este paso, luego vino lo difícil: convencer al novio.

No me malinterpreten, nuestras diferencias tenían poco que ver con el amor y mucho con el evento, mi esposo quería ofrecerme de su bolsillo la más linda boda jamás imaginada, si era posible sacada de un cuento de hadas, pero para esa boda se requería dinero, mucho dinero. Yo no quería algo grande sino más bien pequeño e íntimo y nos tomo buen tiempo aceptar los deseos del otro aunque al final como mi príncipe es comprensivo aceptó una boda sencilla y temprana.

La noche anterior al 28 de marzo casi no pude dormir, con la misma exacta emoción que sentía cuando era niña y se acercaba el primer día de clases, esa emoción en el estómago que no te deja dormir debido a la constante anticipación y mi mente femenina que trabaja a mil por hora en especial cuando tiene insomnio no me permitió descansar como debía.

A las ocho de la mañana estaba en pie, desayuné poco, a las diez y media me fui a confesar con el padre Tito, en su despacho, como si fuera un abogado y yo fuera su cliente, sin la intimidad de un confesionario pero sin miedo porque ya casi nada logra hacerme sentir verguenza, cosas de la maternidad supongo.

A las once recogí mi torta, era una torta blanca de tres pisos pequeños, la llevamos donde mi suegra, y ni bien estuvo en una mesa mi tía y mis primas que estaban conmigo sacaron el arsenal de conchas marinas, una goma transparente y empezaron la decoración. Ya semanas antes mi tía Amelia había conseguido cada concha y había realizado los centro de mesa para el gran día.


Mi prima, la dama de amor, fue quien me regaló la torta, de chocolate, manjar y nueces, sonaba perfecta. Días antes también contraté a una organizadora de eventos para mesas, sillas, manteles, meseros y demás, su nombre es Gisella y confie en ella como tal vez no debí.

Regresé a casa a almorzar y descansar, a las tres al gabinete, mientras mi mamá y mi tía Cuca decoraban la iglesia.

Pero, oh gran horror, la peluquería estaba al tope.

Siendo precavida tenía cita desde una semana antes pero eso no importa cuando todas las peluqueras están ocupadas con moños y demás para un montón de chicas por graduarse. Sería la siguiente definitivamente, pero ser la siguiente representaba igual alrededor de media hora de espera.

Cuando llegó mi turno se fueron mis preocupaciones, mi estilista fue veloz y precisa, me preocupaba que la maquillista no esté libre para cuando esté peinada pero la misma chica me empezó a maquillar antes de acabar mi peinado. Todas las demás mujeres, porque obviamente en una peluquería lo que más hay es estrógeno, se preguntaban de qué curso era yo o qué, y cuando sacaron el velo y la tiara para transformarme en novia muchas de ellas se pusieron a mi alrededor. Ese día me volví un espectáculo.

Una mujer en traje de novia con velo y todo es definitivamente algo que llama la atención, ese día me sentí una celebridad, salí del gabinete con velo y corona pero en jean y camiseta, en casa mi cuñadas me ayudaron con el vestido y salimos con mi amado en busca de crear buenos recuerdos fotográficos.

Justamente ese día estaba cerrado el malecón, yo quería originalmente ir a la playa frente al barceló pero iba a ser imposible y treinta minutos antes de la boda pues fuimos al lugar más cercano que resulto ser un excelente lugar muy aparte de los vendedores de langostino pues el sol estaba en el lugar correcto, el maquillaje estaba en su sitio y la fotógrafa estaba inspirada.

Cuando volvimos a la iglesia y el cortejo caballuno pasó por nuestro camino me bajé para ver su reacción y ese griterío hizo un excelente papel de liberador de stress, después de que te rodean las mujeres de la peluquería, te miran los bañistas mientras te tomas fotos y te gritan jinetes en la calle, caminar hacia el altar parecía un juego de niños.

Pero igual los quería matar a todos, ya que, habiendo puesto en la invitación 5:45 para que la gente no llegue tarde, resultó ser mi familia y mi corte los últimos en llegar, a las damas las quería matar y a mis padres también, siendo como soy de puntual y odiando como odio molestar a los demás me pareció mal hacer esperar a todos los que iban a la misa porque mi padre no estaba a tiempo, y yo con ellos o sin ellos me casaba en ese instante. Además el cantante no había llegado (iban a hacer un ave maría o algo así) y los pedestales con flores a la entrada de la iglesia tampoco llegaron a tiempo. Por suerte al menos mi familia apareció al rato, las damas en el inicio del tan tan tan tan, pero hermosas con los vestidos azules que tanto les costó hacerse.

Una misa larga, la tarde se hizo noche y las emociones no dejaron de fluir, mi parte favorita de toda la ceremonia fue cuando el novio me miró y me dijo muy bajito: "gracias por convencerme de esto, es lo más bonito que he hecho en mi vida", con ese comentario me derritió y tuve que contenerme mucho para no sollozar en el momento.

Luego flashes, cámaras, gente, abrazos, besos, niños, flores, carros, pitos, miradas en el malecón, filmaciones, retoque de maquillaje, entrada a la recepción con canción extraña, campanitas que no se escuchaban y sobretodo un ambiente alegre que unca antes había sentido en mi vida, tantas personas contentas por que tú estás feliz, es un círculo vicioso extraordinario.

El baúl para los sobres no llegó, los maneteles azules no estaban, puso lilas, y los azules que usó eran de un azul distinto al que yo había escogido, menos platos de los esperados, los cubiertos amontonados en la mesa, los samobares sin alcohol en los mecheros, el arroz arriba a medio cocinar porque se dañaron las hornillas y mi mamá al borde de la crisis nerviosa. Por suerte el DJ supo que hacer con la música y el ambiente hizo que nadie (espero) note estos inconvenientes.

El mayor problema fue la comida realmente, comida en la que mi mamá, mi tía y mi cuñada trabajaron arduamente y que sin alcohol industrial no podía mantenerse caliente. Hubo que calentar todo arriba poco a poco y servir, por eso tardó tanto en servirse la cena.

Entre todo el barullo además estaba Daniel, con su traje blanco hecho para la ocasión y disfrutando de la fiesta como un invitado más, para estar menos atenta a sus travesuras lo lleve a él y su primo a la casa donde se preparaba entre las organizadoras la calentada masiva de alimentos. Les pedí entonces que me avisen minutos antes de que esté listo todo porque iba a cantar justo antes, me dijeron anda preparándote que esto ya mismo está.

Bajé, recogí a mis coristas y a lo macho le pasé la pista al Dj. Escoger la canción para ese momento fue una de las tareas más complicadas que he llevado a cabo, cambie de tema varias veces y cada vez se me ocurrían nuevas opciones, en su mayoría eran canciones en inglés y decidí que si quería que todos ocmprendan el mensaje debía cantar en español, y un día llegando a casa escuché en la radio una cancioncita de Presuntos Implicados llamada "Todas las flores", me gustó, la busqué y me la aprendí, luego compré la pista en internet por un dólar y la quemé en un cd.

El miércoles antes de la boda me reuní con las damas y medio practicamos un rato. Como su papel era sencillo y requería más valentía que otra cosa decidimos que estábamos listas, gracias a ellas y a su locura y su apoyo el miedo escénico se desvaneció de mi.

Antes de cantar estaba nerviosa llamando a Andrés en el micrófono y luego me concentré, cerré los ojos, en partes hasta me cubrí los oidos y ahi se fue la canción que debió durar más y que por motivos ajenos aún a mi comprensión duró menos porque se dañó la pista en media canción, habiéndola oído y cantado tantas veces decidi seguir y darle un final porque hubiese sido terrible detenerme y ver qué mismo pasaba.

Todas las flores
que salen a embrujar los amores
y despiertan mis ilusiones
dicen que vendrás.
Y voy a esperarte
con el alma llena de empeños
y el sabor que tienen los sueños
que no puede alcanzar.
Si este es el camino que cruce contigo
no mires atrás
que hay que continuar.
Tantas veces me he perdido
y dentro de tus ojos me he vuelto a encontrar.
Tantas veces me he caído
y con tu mano yo me he vuelto a levantar.
Y tu apareces como la luna nueva que crece
y aquello que dormido parece
hoy vuelve a despertar.
Y voy a escribir
una canción de brazos abiertos
de corazones esperanzados para poder cantar.
Si esta es nuestra suerte
me alegro de verte
volvamos a empezar
la historia una vez más.

Luego llegó la comida al fin para saciar el apetito de todos, pavo de mi mamá, ensaladas de mi tía, canelones de mi cuñada, chancho de mi suegra, camarones de mi mamá también, que bueno que probé algunas cosas mientras las hacian o no habría comido nada porque no quedó nada, ni para el calentado.

Y el baile, el baile que de principio a fin marcó los momentos más divertidos de la noche, el baile que inicó con Andrés ante la voz de Lennon recordándonos que la vida se hace sólo un día a la vez y que después de siete años se puede seguir enamorada de la misma maravillosa persona. Y el baile también que dejó salir a la adolescente que llevo dentro, la de coreografías extensas y ritmo en las venas, adoré cada pieza solo porque la pude bailar entre amigas y entre mis seres más queridos, porque no tenía necesida alguna de restringitme, porque en todo momento me sentí en confianza, esa era mi noche y las disfruté tanto como me fue posible. Ver a mis primas sacudirse como se sacudieron me hizo reirme de tantas diversas formas, bailar "Claridad", "El meneaito", "Enamoradísimo" y "Wannabe" me hicieron sentirme libre como una niña.


Los recuerdos son imborrables, la ceremonia fue todo lo que esperaba, una unión con Dios y pude honrar mi promesa no con lágrimas en los ojos sino con alegría, con la alegría de ver a todas las personas que me importan disfrutar y sentirme muy unida a todos ellos de alguna manera, con el corazón tan lleno cómo no poder emocionarse y sentirse extremadamente feliz. Todo lo que hicieron todas las personas que me ayudaron a que esto salga como salió y que se haya convertido en uno de los días más memorables de mi vida no tiene comparación, el esfuerzo de mi mamá y el apoyo de muchas otras personas hicieron que aparte de bonito todo sea especial y único.

Y ahora con una fiesta, con una promesa y muchas canciones, nuestro amor tiene más fuerza y más vida, ahora sí hasta que la muerte nos separe.

Nuevamente gracias.




domingo, 5 de abril de 2009

La Fuente de Piedra

En el peor de los casos es imperativo recordar que todo tiene solución, menos la muerte, pero ante la ausencia de ojos correctos no le quedaría más remedio que empezar de nuevo.

Entre los finos dedos de Isabel pendía el último momento de paz, pendía también una paleta de colores en tonos rosa, todos los cuales fueron en algún momento de su vida sus favoritos. Podía sentir al rosa secándose en la base de su mano, luego se agrietaría y sería sacudido como polvo, sería mejor que verlo disolverse en el agua.

La mayoría de las veces le parecía que la fuente de piedra sobre la tela era un escenario prehistórico o tal vez un pozo donde una niña vestida en símbolos dibujados en su cuerpo descubría frente a ella a otra niña, uno o dos años mayor, y se volverían hermanas de vida.

Otras veces estaba segura de que había sido una trinchera de guerra, en un pasado incierto, una guerra de espadas, no de balas ni de cañones, un refugio contra flechas en llamas para esconderse de la muerte.

Pero con la omnipotencia de sus manos en el escenario que la enfrentaba había decidido que la fuente de piedra debía ser el punto de encuentro de una mujer impresionante con un hombre noble, bajo el cielo rosa que con tanta poesía acababa de nacer.

La impresionante mujer recibiría allí la carta, a plena conciencia de que lo importante no es el destino final sino el camino se elige para llegar ahí.

Amelia , no es por culpa de sus trazos que suspiro esta mañana, es porque simplemente no consigo comprender el motivo de nuestras penas compartidas, usted y yo, tan dignos y agradables, que hemos preparado un camino lleno de motivos para vivir tan profundos; nosotros, quienes al igual que otros tantos, vivimos bajo la ley de Dios y de los hombres, somos sin embargo quienes debemos cargar con el peso de los recientes acontecimientos, como si de nada hubiesen servido tantas largas horas, días y semanas de buscar únicamente ser la mejor versión de nosotros mismos.

No presumo que usted al igual que yo sienta que estamos varados en una situación injusta, pues sé que únicamente yo puedo observar la vida como esta increíble sucesión de hechos merecidos, pero el silencio no es parte de mi costumbre.

Releyó la carta, segura de que no había tanta virtud en su vida como él pensaba, partió a la mitad la hoja y armó dos pequeños barcos de papel que dejó flotando en el agua de la fuente, a merced del tiempo. No había necesidad de responderla, un hombre tan impaciente seguramente estaría ya en camino.

Nuevas flores aparecieron lentamente en el mismo jardín prehistórico, bélico y náutico en el que ella esperaba acostada junto a la fuente, hipnotizada por las nubes violeta que inundaban sus ojos esa tarde.

Las pequeñas manos de las niñas le parecieron dibujarse en el aire, como una silueta a lápiz hecha por una mano de pulso firme, las escuchó reír. Ambas, ahora completas, corrieron en círculos por un momento antes de zambullirse a jugar en la fuente, la más pequeña, a pesar de los símbolos en su cuerpo, era la más encantadora.

Él llegó después, pero no era quien ella esperaba, era otro, un aterrado militante abrazado a un escudo de plata, buscando un lugar seguro. Imposibilitado de admirar su entorno, absorto en el miedo que sentía, pudo al menos verla y sentirse un poco más a salvo.

Amelia reconoció un par de zapatos, y la emoción previa a un encuentro pautado, pero ni siquiera un talón o una pierna, ni siquiera una mano para aferrarse, sólo sus zapatos negros entre las flores rosadas. Toda una tarde de expectativas desperdiciada ante la incapacidad de esos dedos finos que no pudieron dar con el exacto rostro del hombre noble que ansiaba junto a ella en el jardín de la fuente de piedra.

No tenía caso, insistía en el cuaderno de dibujo, ensayando los ojos correctos, en vano. Isabel prefería explorar otras posibilidades alrededor de su fuente, en la total abulia de continuar intentando inventar ojos imposibles. De sus dedos pendía la tranquilidad de Amelia, quien seguía condenada a la soledad de la ansiosa espera, por culpa de una perfeccionista inútil. A ella poco le importaba la forma de sus ojos, únicamente necesitaba verlos, sentirlos sobre ella para desencadenarse de la expectativa de su llegada.

Arrancó varias flores para tejerse una diadema, junto a la fuente bajo el cielo rosa, esperando impacientemente porque un destello en una mente ajena le conceda ese momento de gracia, en la paz abundante que necesitaba y que llegaría en esos ojos nuevos pero familiares tras una carta que tal vez no debió romper.

sábado, 4 de abril de 2009

Estrógeno


Me gustó.
 
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