Sé de un hombre enfermo, no tiene relación sanguínea conmigo pero lo conozco desde que tengo memoria, no puedo decir si es un hombre honrado, si es bueno o si por el contrario ha tenido una mala vida, sé que es padre, sé que he gritado su nombre por las ventanas de una casa y que hoy está lamentablemente a merced del dolor.
Él ha trabajado como guardia, portero, subemaletas, comprador de desayunos y reparador de muebles, no puedo decir que le guardaba estima, es más, jamás cruce más de tres palabras con él, pero saber que su hijo llama a mi padre con la voz quebrada en medio de sollozos es suficiente para conmoverme. En el edificio hay ocho propietarios, como dicho edificio está en Salinas ninguno vive allí, solo van cuando les es posible, él debió haber tenido aportaciones al seguro, pero no las tuvo porque quienes son dueños de aquellos departamentos dejaron de pagar. Ahora demacrado y sin dinero enfrenta un cáncer.
Hemos llamado a cada persona del edificio, se debe acumular el monto estimado a las aportaciones que cesaron para proveerlo de tratamiento, pero no quieren, mi padre y dos otros seres humanos han ayudado hasta donde les es posible, el resto prefieren cruzarse de brazos, desentenderse, básicamente condenándolo a muerte.
Las manos atadas, a veces no tengo ni una moneda que regalarle a una madre en la calle, como podría ayudar a un hombre que está lejos, que necesita tanto y que no conozco realmente. Mi hijo, mi esposo, mi hogar me necesitan y sólo rezo por su alma y porque el dolor no sea aniquilante. Es difícil dejar de pensar en esto, en las puertas que se tocan y que nunca se abren porque es más fácil para ellos girar el rostro y pretender que aquí no ha pasado nada.
Él ha trabajado como guardia, portero, subemaletas, comprador de desayunos y reparador de muebles, no puedo decir que le guardaba estima, es más, jamás cruce más de tres palabras con él, pero saber que su hijo llama a mi padre con la voz quebrada en medio de sollozos es suficiente para conmoverme. En el edificio hay ocho propietarios, como dicho edificio está en Salinas ninguno vive allí, solo van cuando les es posible, él debió haber tenido aportaciones al seguro, pero no las tuvo porque quienes son dueños de aquellos departamentos dejaron de pagar. Ahora demacrado y sin dinero enfrenta un cáncer.
Hemos llamado a cada persona del edificio, se debe acumular el monto estimado a las aportaciones que cesaron para proveerlo de tratamiento, pero no quieren, mi padre y dos otros seres humanos han ayudado hasta donde les es posible, el resto prefieren cruzarse de brazos, desentenderse, básicamente condenándolo a muerte.
Las manos atadas, a veces no tengo ni una moneda que regalarle a una madre en la calle, como podría ayudar a un hombre que está lejos, que necesita tanto y que no conozco realmente. Mi hijo, mi esposo, mi hogar me necesitan y sólo rezo por su alma y porque el dolor no sea aniquilante. Es difícil dejar de pensar en esto, en las puertas que se tocan y que nunca se abren porque es más fácil para ellos girar el rostro y pretender que aquí no ha pasado nada.

0 opiniones:
Publicar un comentario en la entrada