No estoy en la potestad de opinar seriamente sobre la política o la pobreza, no tengo las soluciones a los asuntos más importantes de este mundo ni tengo los conocimientos necesarios para emitir juicios de valor que puedan hacer cambios, pero aquí desde mi hogar, desde mi ventana que da al parque, desde el pequeño punto de vista de quien no hace ni dice mucho pero que piensa en todo endiabladamente cada noche antes de dejarse caer en la almohada vengo a exponer los grandes enunciados de mis noches de insomnio para dejarlos en algún lugar fuera de mi pecho donde el agobio de las realidades no afecten mi fragilidad. A pesar de lo que pueda carecer para criticar lo que ocurre ante mis ojos, poseo integridad y una fuerte noción de la línea divisoria entre lo justo y lo injusto, lo digno y lo indigno y como cualquier otro ser humano me aferro a eso para ejercer mi derecho a expresar mis criterios, frustraciones y felicidades.
miércoles 28 de noviembre de 2007
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